lunes 23 de noviembre de 2009

Dedos



Dedos,

Guerrera me armo de dedos

En el campo de tu espalda donde desde tiempos inmemoriales se libran las mas crueles batallas, yo, pequeña e inexperta me armo de dedos.

Aprendo el arte de la estrategia, me voy por debajito, y despacito sorprendo por detrás a tu pasado, figura espacial, aérea y marítima que se esconde en las llagas de tu espalda tratando de llegar al corazón.

Acostumbrada como está a la indefensión de tu piel, aún no sabe que yo, ermitaña de cabaña luminosa he venido a protegerte.

Y la ataco con yemas, la barro, la arrincono en un hombro hasta empujarla al vacío, orgullosa de mi victoria.

Ahora, me encuentro más motivada que nunca a vencer a la sombra que vive en tus brazos, la misma que se ha adueñado de todos los territorios hasta el límite de tus muñecas –porque hasta ella sabe que tus manos son sagradas- con ella uso las uñas, con sumo cuidado, para no hacerle daño. Es tan peligrosa como necesaria, asi que la batalla se hace en silencio, para no asustarla.

Poco a poco la convenzo de volver a su escondite, prometiéndole que el próximo sábado la sacaremos a jugar. Yo le llevaré una compañera para que ambas nos usen de muñecos en una morbosa hora del té.

Y es por esto, mi amor, que cuando tu despiertas es ahora mi brazo el que está cansado, y sin embargo me vez feliz, en un éxtasis de orgullo y satisfacción, una leona triunfante en el campo de tu espalda

sábado 12 de septiembre de 2009


Me da mucha pena hablar contigo de esto que tenemos que hablar, así que no hablaremos de ello. No hablaremos de ello porque no se supone que en este mundo (que construiste primero tú y que ahora construyo yo) se hablen de estas cosas, porque estas cosas les pasan a otras personas y uno las mira con lástima y comenta en el almuerzo “que vaina…” No hablaremos de ello porque no tendríamos palabras para hacerlo; ni palabras, ni ojos, ni corazón mucho menos vergüenza o estómago. No hablaremos de eso porque eso, de entre los miles de nombres que la cotidianidad le ha dado, en realidad no tiene nombre. No hablaremos de ello porque tu eres superhéroe y yo princesa y no sabemos de esas cosas. No hablaremos de ello porque el nudo en la garganta no nos deja tampoco.
Ahora bien, resuelto esto, ¿que hacemos con lo que sentimos?

domingo 23 de agosto de 2009

Profecía a distancia

Querido R:



Lamento tener que escribirte esta carta, no por su contenido, sino por su forma, creo que sería mucho mas provechoso para ambos si pudiera devolverte una de las tres llamadas perdidas y decirte esto. Pero (no sabes) yo soy así, muy selectiva con las situaciones incómodas.



A ver, yo sé que estas bien, que todo va igual contigo, que sigues estudiando en un tecnológico que no te gusta, una ingeniería en noseque, que sigues viviendo con tu abuela porque todavía no soportas a tu mamá, que cada fin de semana haces planes para irte de ahí porque tampoco soportas a tu abuela. Que sigues reuniéndote en la plaza con los muchachos a beber hasta las doce, que cada dos meses cambias la noviecita y rotas a las otras. Sé que tu mamá al fin logró quedar embarazada otra vez, que a veces piensas en mi, en como nunca entendías lo que te decía y en que siempre te quedaron ganas. Sé que quieres echar pa’lante pero no sabes como, que te sientes solo de vez en cuando y te da rabia, que me llamas no para que te conteste sino por costumbre de esperar.



Sé que estabas peor antes y que estarás mejor después.



Ya sé lo que me vas a decir, y sé también que te hago mejor no contestando, porque tú también sabes lo que te voy a decir, y me he dado cuenta que es más efectiva esa presunción de expectativas que las lecciones que podría recitarte, sé que me entiendes más así.



No te pido que dejes de buscarme, sé que lo harás cuando ya no necesites estas expectativas tácitas, cuando las hayas superado; y sé que ese día llegará mas pronto de lo que pensamos.



Esta carta es para aclarar que te recuerdo con cariño, que las caricias escondidas bajo el sol siguen en mi como el recuerdo dulce que son, que cada vez que escucho ese vallenato que me dedicaste sonrío y cuentó la historia de los ojos verdes que no dejaron de mirarme firmes mientras tocaba la canción; déjame decirte que después de escuchar la historia hasta la mas estirada de mis amigas ha reconocido una melodía hermosa.



Sigue así, mi querido R., que pronto, el día que no me llames más, sabré que es mi momento de buscarte y preguntarte cómo estás, para que me digas lo que no sabré.



Un abrazo,

Johanna.

lunes 20 de julio de 2009

Catarsis



- ¿Entonces resulta que tú ahora escribes?

No exactamente, no hago nada distinto de lo que hiciera antes, capaz y ahora sea más valiente.

- Entonces ahora te me metiste a artista… a vaina, yo sabía. Coño Ana, yo creía que tu querías ganar plata, esa vaina de querer salvar al mundo no paga...

Es que yo no soy artista. Ni sé que es eso. Tampoco quiero salvar el mundo. Yo siempre escribía, me escribía encima, hasta a vos te escribí encima, al menos por un semestre completo anduviste con citas del Gabo, no se de que te sorprendes. Además tampoco es que le estoy haciendo mal a alguien, vos y yo hicimos juntas lo que debíamos hacer y fue más de lo que podría esperar, pero se acabó y no es mi culpa.

- Pero es que yo te dejé a vos encaminaíta chica, te hice con futuro y todo, es más hasta te dejé que practicaras pa’ que no te fuera a agarrar de sorpresa, ¿Por qué doblaste en la esquina que no era? Tenías que seguir derechito mamita, derechito por donde yo te dije, yo te enseñé a ser inteligente y hacer plata, que más queréi?

Es que yo sigo siendo inteligente y sigo queriendo plata. ¿Acaso no me véi que sigo estudiando? Es que, al fin y al cabo ¿Cómo sabes que esa no era la esquina? Como se nota que nunca has sido una muchacha/niña/nena/mujer/licenciada/profesional/dama de 20 años.

- Ajá entonces yo que? No se nada, años de reconocimiento académico pa vos no son nada, ahora venís a decirme que todo lo que yo te enseñé no te sirve porque te dio por escribir y montarte en submarinos. Que arrecha sois vos. A mi no me engañáis, ya vos te echaste a perder, ese postgrado no te va a ayudar mucho si seguís revoloteando por ahí.

Pero es que yo no he dicho nada de eso.

- ¿Entonces que? Decime de una vez, ¿Perdimos el tiempo? ¿No hicimos nada? ¿Qué vas a hacer conmigo?

Yo me siento muy bien, más blanca que nunca ¿Qué más voy a hacer?, este bus se va, o te subes o te encaramas.

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